Revista
Latinoamericana de
Recreación

ISSN: 2027-7385
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ROLES TRADICIONALES DE GÉNERO Y CONSTRICCIONES DE OCIO EN MUJERES
(Género: informe de investigaciones)

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Resumen:
Esta investigación presenta las principales reflexiones de mi tesis de maestría1
cuyo objetivo
es estudiar los factores que impactan en el bienestar y las necesidades humanas de ocio en mujeres, por
ejemplo: la tensa articulación entre trabajo remunerado y no remunerado, las razones éticas y morales
asociadas a su tradicional rol reproductivo, etc. Visibilizar formas de injusticia social persistentes aún
hoy, tales como la limitación de experiencias de ocio producto de los mandatos tradicionales de género,
nos permitirá contar con mayores elementos para mejorar las políticas sociales a nivel local y nacional.
Por tal motivo, propongo retomar enfoques teóricos que resalten el potencial del ocio como resistencia
e inclusión social y como potente herramienta hacia el cambio y la igualdad de género. Mujeres más
‘fuertes’, capaces de disentir, con mayores y mejores redes sociales, con una participación ciudadana
activa, tenderán entre otras cosas, a disminuir el número de víctimas de violencia de género, a mejorar
la seguridad ciudadana a través de la apropiación de parques públicos, etc. El ocio en sí mismo y como
herramienta, debe ser parte de las estrategias de cambio de países en desarrollo como Uruguay. .


Palabras Clave: género, ocio feminista, constricciones de ocio, resistencia

Abstract: This research presents the principle thoughts of my MA dissertation which aims to study the
impacts upon women’s wellbeing and affects their human needs of leisure, such as: tension between
paid and un-paid work, ethic and moral reasons related with mothering, among others. Highlights social
injustices and leisure constraints will help to improve local and national social policies orientated to
women’s well being.
Thus, I propose to acknowledge Shaw’s (1994) theoretical framework which highlights leisure as it can
be seen to have the potential for resistance traditional gender roles and contribute to social change and
gender equality. ‘Stronger’ women, capable for disagreeing, with more and major women’s networks,
with an active political citizenship will help to fight for stopping violence against women, restore public
security and co-existence, among other social problems. Leisure itself and as an instrument, must be
part of third world social policies strategies, such as Uruguay.
Keywords: gender, feminist leisure, leisure constraints, resistance.

DATOS BIOGRÁFICOS: ximenau@fcs.edu.uy - Universidad de la República del Uruguay.

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Introducción.

En los últimos siglos se han sucedido cambios económicos y culturales que han llevado entre otras cosas a que las personas dediquen largos períodos de tiempo al trabajo remunerado, sin que ello implique una reducción en las responsabilidades en otros ámbitos, como por ejemplo el familiar. Si estos cambios los analizamos desde una perspectiva de género, diríamos que las mujeres se han insertado masivamente en la esfera productiva, pero no por ello ven reducidas sus horas de trabajo no remunerado en los hogares, a pesar de lentos cambios que promueven y tienden a un mayor involucramiento en las tareas del hogar por parte de los compañeros varones, lo que llamamos camino a la “corresponsabilidad”.


La corresponsabilidad es un mecanismo para contrarrestar los efectos negativos producto de la tensión entre las demandas del mundo público y privado y de la difícil tarea de organizar los esquemas diarios de una persona de acuerdo a sus responsabilidades. Los esquemas diarios de las personas suelen estar subdivididos según el tipo de actividades que realice, tanto en el dominio público como el privado, las principales actividades presentes en cada una de ellas es el trabajo remunerado en el caso del primero y las responsabilidades domésticas o personales en el segundo. Cuando hablamos de mundo público, se entiende como el mundo socialmente valorado, expuesto a la mirada pública y que suele ser reconocido como masculinizado y como el espacio del trabajo productivo por excelencia; en cambio, el mundo privado se entiende como aquel donde se desarrollan las actividades menos reconocidas y poco valoradas socialmente, es un espacio feminizado donde se realizan actividades de tipo domésticas y/o reproductivas, que es en lo que literatura actual se denomina trabajo no remunerado.


La irrupción de la modernidad representó la ruptura de una unidad que integraba el mundo del trabajo, de la familia y del ocio en un mismo cuerpo sin fronteras visibles entre sí. De acuerdo a Marrero (1996) esta ruptura es producto de las nuevas formas de organización del trabajo que llevaron a las sociedades occidentales a romper con la unidad para transformarla en tres campos separados y diferenciados entre sí. Marrero (1996) se detiene en otra ruptura ligada a la primera pero que se centra en el desdibujamiento y la inversión de las jerarquizaciones que se hacía de las actividades consideradas superiores o inferiores. En este sentido, antiguamente las actividades consideradas “inferiores” eran aquellas que se dedicaban a la subsistencia y al mantenimiento de la vida, quedando por debajo de las actividades “superiores” las cuales eran asociadas a la producción de obras de arte, durables en el tiempo y lejanas al “fabril” mundo del trabajo. Por lo tanto, en ese contexto las actividades relacionadas con el arte y la intelectualidad gozaban de un alto valor simbólico, y quienes las practicaban eran “privilegiados”, seres superiores. La modernidad en cambio, invirtió esta jerarquización revalorizando las actividades vinculadas al mundo productivo y de intercambio, desvalorizando las artísticas, intelectuales, donde bien podríamos incluir las de tipo domésticas y del ámbito reproductivo. El trabajo adoptó una centralidad clave en el funcionamiento de la sociedad y en la riqueza de los Estados, lo que marcó la división entre abores ‘productivas’ e ‘improductivas’. Estamos frente a lo que podríamos llamar una jerarquización de actividades, tiempos y espacios.


En este contexto de cambios, con el aumento de la vinculación femenina a las estructuras productivas y con una mayor exigencia de involucramiento de los varones en la esfera reproductiva, resulta necesario desarrollar un marco de entendimiento de las formas en que varones y mujeres distribuyen sus tiempos, poniendo énfasis en el tiempo destinado al bienestar y el desarrollo personal. Aquí es donde, el tiempo de ocio se entiende como un tiempo con un alto potencial para el desarrollo personal y la mejora de la calidad de vida de las personas, favoreciendo instancias para la promoción de autonomía, empoderamiento y participación ciudadana. En definitiva, el tiempo de ocio juega un papel importante en la mayor o menor satisfacción con en el balance entre trabajo y familia (Shaw 1994, Hilbretch 2009).


Este artículo tendrá como hilo conductor presentar la complejidad de la realidad social a través del desdoblamiento de concepciones socialmente arraigadas como “trabajo/ ocio”, “trabajo remunerado/trabajo no remunerado”, “mundo productivo/mundo reproductivo o improductivo”, “público/privado”, “mujer/varón”. Esta suerte de mundos paralelos representados de una manera binaria y muchas veces vinculados desde los conflictos resultado de sus relaciones, son una fuente importante de desigualdades sociales que debe ser problematizada sin descuidar el impacto que pueden tener sobre la vida personal de las personas, y brindando elementos para resistir a los posibles efectos no deseados. En este sentido, se presentan antecedentes teóricos que indagan sobre el ocio, el género y la relación entre ambas disciplinas que han sido estudiadas por separado durante décadas. Para ello, la discusión teórica está organizada de la siguiente manera: en primer lugar se introduce al lector en los estudios de ocio y los estudios de género, destacándose los principales objetos de estudio de cada uno de los enfoques; en un segundo lugar, se presentan las relaciones entre tres las esferas familiar, laboral y de ocio y se reflexiona en torno al uso del tiempo y a la organización de los esquemas diarios de la vida cotidiana, en especial de las mujeres; en tercer lugar, se presenta un argumento central en los estudios de género y ocio feminista que introduce la idea del ocio desde su potencial de resistencia a los estereotipos de género que histórica y culturalmente determinaron la construcción social de la realidad de las mujeres; por último, se presentan las conclusiones con la intención de abrir la discusión y facilitar la reflexión hacia nuevas interrogantes y potenciales soluciones a las desigualdades de género en el mundo del ocio y viceversa.


Enmarcando: entre los estudios de ocio y de género.

En el campo de los estudios de ocio, muchos investigadores han reconocido no solo la importancia del género como una dimensión que afecta a los comportamientos de ocio, sino también la naturaleza androcéntrica de las tempranas teorías de ocio y la consecuente necesidad de desarrollar nueva teoría que contemple las relaciones de varones y mujeres en sociedad. (Shaw, 1994 p8)

Antecedentes en los estudios de ocio.


Tomando como referencia los últimos dos siglos1 el objeto de estudio de los textos relativos al ocio centraron su foco en temáticas vinculadas con la cuestión de clase, principalmente la trabajadora, y en cómo el tipo de consumo determinaba la estratificación social de las sociedades, principalmente las occidentales-capitalistas. Un ejemplo claro de estos estudios es el libro La teoría de la clase ociosa (1899) escrito por Thorstein Veblen. Para Veblen (1899) existe una clase que puede llamarse ociosa, en inglés ‘leisure class’, que se dividía a su vez en sub clases (alta y baja).


El trabajo manual, industrial, todo lo que tenga que ver directamente con el trabajo de todos los días para ganarse la vida, es la ocupación exclusiva de la clase inferior. Esta clase inferior incluye esclavos y otros dependientes e incluso normalmente a todas las mujeres. (…) Las clases ociosas más bajas están excluidas de los empleos honorables, con la excepción de que sean claramente de carácter industrial y sólo remotamente relacionados con las ocupaciones típicas de la clase ociosa. (Veblen, 1899 p.2)


Si bien la obra se enmarca dentro de la disciplina del conocimiento de la economía, sus aportes significaron una crítica social al capitalismo, el consumo, la emulación de clase, el sentido de pertenencia, etc., de allí la trascendencia de la obra a otras disciplinas. Otro de los estudios de ocio (o también podríamos decir de la cultura del Ocio) es el clásico de Johan Huizinga Homo Ludens (1938), donde articula experiencias de ocio, concretamente las relaciones entre el juego y las culturas.


A partir de las décadas del ‘60 y el ‘70 los estudios de ocio presentan elementos propios del enfoque sociológicos, algunos ejemplos pueden ser la obra de David Riesman, La muchedumbre solitaria (1950) o de Joffre Dumazedier Hacia una sociedad del ocio (1967), entre otros. Las preocupaciones de estos autores, por mencionar algunos, giraban en torno a lograr una definición de ocio para comprender su rol en las sociedades contemporáneas (occidentales) y conocer más acerca de lo que se consideraba sería el pasaje de una sociedad del trabajo a una sociedad del ocio producto de una disminución en las jornadas de trabajo debido a los avances tecnológicos. Respecto a estas premisas que sustentaban la teoría de una tendencia a mayor tiempo de ocio y a la preparación de las sociedades para enfrentar tal realidad social, el devenir de la historia ha demostrado que tal sociedad dista bastante de ser alcanzada2 , incluso el tema de este artículo es una muestra de ello. Adicionalmente, la década del ‘70 se caracterizó en lo que Chris Rojek (1985) llamó la “rivalidad paradigmática” entre el ocio y el capitalismo. La obra de John Clarke y Critcher El diablo hace el trabajo: ocio en el capitalismo británico (1985) bien presenta la idea de Rojek3 a través de un análisis crítico sobre el fenómeno del ocio para demostrar lo que puede contribuir en el desarrollo y la estructuración de una sociedad.


El foco de los estudios de ocio ha estado sujeto, en su mayoría, a su relación con el mundo del trabajo y la tensión entre ambos, lo que se puede llamarse “las dos caras de una misma moneda”, tanto para el trabajo como para el ocio. Esto se debe principalmente a que el concepto de ocio se ha explicado históricamente a través de sus diferencias (o su antítesis) con el trabajo (remunerado). De acuerdo con Kenneth Roberts (1995), autor de varios artículos de sociología del trabajo, “Para entender el ocio ciertamente necesitamos reconocer las implicaciones del trabajo, pero sin quedar paralizados con el supuesto de la centralidad del trabajo” (En: Aitchison 2003 p.39).


Los estudios de ocio no fueron ajenos a la histórica dominación androcéntrica de la producción de conocimiento, tal como lo viéramos anteriormente, los mismos estuvieron centrados en esferas típicamente públicas y desde una perspectiva de género masculinas, como es el mundo del trabajo. Las mujeres en este sentido, quedaron en un lugar secundario, por su histórica y cultural relación con el mundo privado-doméstico. La forma de definir ocio en relación al trabajo remunerado significó que las definiciones de ocio hayan sido históricamente ciegas al género, obviando las formas de trabajo no relacionadas al mercado laboral tradicional, la mayoría de ellas actividades de tipo domésticas (trabajo no remunerado), realizadas por mujeres producto de la segregación ocupacional.


Definir ocio no es tarea sencilla, sin embargo, la gama de definiciones coinciden en que las experiencias de ocio tienen en mayor o menor medida elementos de libertad en cuanto al uso del tiempo, a la toma de decisiones, elementos de disfrute, etc. Sin querer tomar una definición única de ocio, considerando que hay mucha bibliografía al respecto y, que el aporte principal de este trabajo se orienta hacia ver el ocio con lentes de “género”, haré una breve presentación de qué se entiende por ocio ayudándome de los conceptos desarrollados por José Tabares (2005). Tabares (2005) se refiere como aspectos constitutivos de una definición de ocio, los siguientes elementos: temporal, actividad y la experiencia en sí misma; éste último se constituye a su vez de ciertas características distintivas como: la autonomía en la elección, el autotelismo, y el objetivo de alcanzar placer y disfrute.


El elemento ‘temporal’ se vincula con el tiempo libre, con un lapso de tiempo objetivable y cuantificable distinto al tiempo de trabajo (remunerado). En una vasta parte de la literatura de ocio se considera al trabajo como aquel dedicado a tareas productivas, incluso se puede leer que las responsabilidades domésticas suelen considerarse tiempo de no trabajo4 . Entender a las experiencias de ocio como parte del tiempo libre de las personas, de un tiempo libremente 3 Rojek, Clarke y Critcher han sido vinculados con la escuela neo marxista de los estudios de ocio. De acuerdo a Rojek (2000) se pueden identificar otras tres escuelas de pensamiento, por un lado la funcionalista, la contra cultura con un enfoque Gramsciano y por último la feminista. 4 Más adelante se plantea la discusión a este respecto
.

elegido, o tiempo libre de constricciones, puede resultarnos problemático si incorporamos la categoría de género. Pensar en tiempo libre en el caso de personas cuya libertad está muchas veces restringida, sea por responsabilidades familiares como el cuidado de otros, o incluso por dependencia económica en el caso de muchas mujeres de sus parejas varones, no estaríamos visibilizando (o incluyendo) situaciones de injusticia social de género. La ‘actividad’, es el elemento con el que se completa el tiempo libre, aquel tiempo disponible para el ocio. La gama de actividades es muy variada y puede ir desde asistir a espectáculos, practicar deportes, hasta descansar y relajarse con un libro. En este aspecto unos de los factores que constriñen el acceso a actividades de ocio pueden ser: la oferta de actividades, la difusión y promoción de la actividad, el costo o factores económicos asociados, el género, la ubicación geográfica, etc. Podríamos decir que los principales responsables de asegurar la ‘actividad’ son el Estado, la sociedad civil y el mercado. Según cómo cada uno de ellos trabaje y se relacione, será el tipo de actividades de ocio a las que la población podrá acceder.


Según Tabares (2005) la ‘experiencia’ de ocio presenta tres características constitutivas. La primera es la ‘autonomía de elección de la actividad’, lo que estaría asociada a los principios de libertad en ‘qué’ actividad elegir y ‘cómo’ llevarla adelante. Esta característica también está marcada con la idea de un acuerdo consensuado con las reglas de la actividad que deberán ser respetadas por quien la elija. En otro plano, se encuentra la característica de la experiencia de ocio ‘autotélica’, muy desarrollada por la escuela de Estudios de Ocio de la Universidad de Deusto. La misma, se enmarca en que toda experiencia de ocio se realiza por un fin en sí mismo, no se espera que tenga un valor de cambio o que lo que se valore sea su producto sino que se experimenta por el agrado que genera. Por último, toda actividad de ocio tiene por fin alcanzar el placer y el disfrute, no pudiendo generarse situaciones de displacer, imposición interna o externa, coerción, malestar, compromiso, etc.


Antecedentes en los estudios de género.

Ante las formas de discriminación, desigualdad de oportunidades, producción de conocimiento desde una postura epistemológica androcéntrica, surge un movimiento de expertas feministas, principalmente provenientes del mundo académico anglosajón, preocupadas por las “constricciones de ocio”. Entre ellas podemos mencionar a Henderson, Bialeschki, Aitchison, Wearing, Shaw, Hochschild y otras, éstas dos últimas preocupadas por lo que se considera “la doble jornada de las mujeres trabajadoras”5 dimensión muy importante si hablamos de injusticias sociales de género y el acceso a actividades de ocio personal. Entre las críticas desarrolladas por esta perspectiva a las definiciones de ocio, podemos citar a Roberts (1999) quien reconoce que:


El concepto residual [de ocio] ... lo que equipara al ocio con el tiempo que se dejó atrás de otras cosas ya hechas, corresponde más o menos a las realidades de la mayoría de los varones. Cuando enfrentamos el concepto en el caso de mujeres a cargo del cuidado infantil y otras responsabilidades, éste resulta menos razonable. ¿Tienen las mujeres algún tiempo libre real? Los títulos de los libros que se hacen preguntas como ¿Qué tiempo libre? (Green et al, 1990) y Todo trabajo y nada de juego (Deem, 1986) surgen de la reacciones de mujeres que han sido incapaces de reconocer en sus propias vidas el concepto de ocio de los investigadores. (Roberts 1999 p.99, en: Aitchison 2003 p.43).

Definición de género.


Por concepto de género entendemos “las formas históricas o socioculturales en que hombres y mujeres interactúan y dividen sus funciones” (Aguirre, 1998: 19). Este concepto, así como otros de la literatura en el tema (p.e.: Benería, 1986; Scott, 1990; Alberdi, 1999) se adaptan a la investigación porque entienden el género como una categoría de análisis explicativa, capaz de desentrañar desigualdades en las relaciones sociales que se ocultan tras el sexo biológico.

Los roles de género, la división de funciones entre varones y mujeres tanto en la vida privada como en la pública (p. e. la división del trabajo remunerado y no remunerado), están definidos en función de roles tradicionalmente atribuidos a unos y otras, eso es lo que llamamos división sexual del trabajo. Este concepto según CEPAL (2003) consiste, en la asignación casi exclusiva de las tareas domésticas de carácter reproductivo y de cuidado a las mujeres. Este rol asignado cultural, histórica y socialmente a ellas, implica una sobrecarga de trabajo, en detrimento de poder destinar tiempo suficiente a otras actividades no reproductivas (capacitarse, recrearse, ejercer una ciudadanía plena, etc.). Ciertamente, esta sobrecarga no hace más que restringir las opciones y oportunidades, no solo para acceder a actividades de ocio, sino también a otras consideradas productivas: mercado laboral, crecer en la escala de puestos de trabajo, insertarse o permanecer en el sistema educativo, así como también a obtener ingresos suficientes para gozar de autonomía económica con los costos que puede aparejar en términos
de bienestar, por ejemplo, si hablamos de cuidados6 (Flecha, 1996; Martínez, 2008; INAMU, 2008; CEPAL, 2009).


La persistencia de este tipo de relaciones, básicamente marcadas por la desigualdad entre ambos, reproduce pautas culturales (subjetivamente) arraigadas, tan internalizadas en los sujetos, que no hacen más que garantizar su continuidad en el tiempo, si es que no se toman medidas para su reversión.


Si decimos que los estudios de ocio por muchas décadas fueron insensibles al género, bien podemos afirmar que los estudios de género tampoco han sido sensibles al ocio de las 6 En la actualidad se discute en torno a la crisis del cuidado, lo que refiere a un momento en que se reorganiza simultáneamente el trabajo salarial-remunerado y el doméstico no-remunerado manteniéndose rígida la división sexual del trabajo en los hogares y la segmentación de género en el mercado laboral. Estas asincronías afectan la continuidad y equilibrio de los tradicionales “arreglos” del cuidado en nuestras sociedades y atentan contra las opciones de las mujeres para insertarse sin barreras en los mercados laborales, y alcanzar mayor autonomía económica y bienestar. (CEPAL, 2009).

mujeres7 , como parte de su desarrollo humano, el ejercicio y/o construcción de ciudadanía, o como potencial de resistencia (Shaw, 1994) e inclusión social (Aitchison, 2003).


Los estudios de ocio y género, no suelen estar presentes en las agendas académicas y detentan una producción sociológica escasa –quizás por desconocimiento, considerarlo irrelevante, trivial, etc.-, al menos en Uruguay; por lo que se debe recurrir a estudios desarrollados en otras partes del mundo. En este sentido citamos a Becker (2009) quien con una sencilla idea explica la razón de esta miopía sociológica: “Más de una vez le han hecho esa crítica a mi trabajo [de trivial, o no es un “problema real”]. Así como hay quien piensa que la tragedia por algún motivo es más importante que la comedia (ya han visto que yo no), ciertos problemas se consideran inherentemente serios y merecedores de atención adulta, mientras que otros parecen triviales, manchas de moscas en el empapelado de la vida (…). Prestar atención a estas ideas comunes es una típica razón para que los científicos sociales estudien menos cosas del amplio espectro de actividad que amerita su atención” (Becker, 2009 p.124).


Trabajo remunerado + trabajo no remunerado + ocio personal = Una ecuación de difícil solución.


La tesis que inspira este ensayo subraya que los mandatos tradicionales de género limitan el acceso a las actividades de ocio, sobretodo en mujeres. El objetivo no es sólo problematizar sino también comprender cómo la socialización de las mujeres y las formas en las que se les ha enseñado cultural e históricamente a participar y desarrollarse (p.e. la mujer dedicada al ámbito reproductivo, juegos infantiles fuertemente estereotipados, etc.), constriñen su participación en las actividades de ocio y en un tiempo-espacio propio.


La discusión que quiero presentar a continuación trata de una trilogía que incluye dos conceptos marco: trabajo y ocio. El primero lo presentamos desde su distinción entre trabajo remunerado y no remunerado. Esta distinción se realiza dado que a partir la década del 70, la academia feminista pone énfasis en la histórica invisibilización del valor económico del trabajo doméstico, no considerado como parte de la economía de un país ni del ámbito productivo.

Ponen de manifiesto que el concepto de ‘trabajo’ debe no solo incluir los trabajos pagos, sino también el trabajo doméstico, el cuidado de niños y niñas, tareas de voluntariado, etc. De acuerdo con Rosario Aguirre (2009) esta escuela “(…) cuestiona la exclusión del trabajo doméstico familiar del dominio económico y plantea que esta exclusión no deriva de la naturaleza de la producción. Cuando esos bienes son producidos fuera del hogar, el trabajo que los produce es remunerado, en cambio es gratuito si se realiza en el hogar ya que es considerado un trabajo realizado ‘por amor’.” (Aguirre, 2009 p.30).

7 Esta afirmación la hacemos desde la academia sociológica uruguaya de la cual tenemos pleno conocimiento y donde las preocupaciones han estado centradas en las vulnerabilidades consideradas primarias o más urgentes asociadas al trabajo, la educación, la salud, entre otras. Si bien el Primer Plan de Igualdad de Oportunidades y Derechos, Uruguay 2007-2011 plantea Líneas Estratégicas de Igualdad (LEI) para el diseño de las políticas públicas del país en relación al acceso a actividades culturales, deportivas y recreativas, la academia no ha desarrollado suficientes investigaciones que den cuenta de la situación de las mujeres en el acceso a tales actividades. (PIODNA-INMUJERES: 2007).

La dimensión del i) trabajo remunerado (concepto más clásico y menos problemático) se entiende como la participación dentro del mercado de trabajo como parte de la fuerza de trabajo paga. Para este ensayo trabajo remunerado se vincula al hecho de tener un empleo regular por el que se recibe un pago a cambio en dinero o especias. Al día de hoy existen autores que sostienen la centralidad del trabajo en la vida de las personas, es el caso del historiador Applebaum (1992) para quien el trabajo (remunerado) es como “la espina dorsal que estructura el modo de vida de las personas, cómo ellas toman contacto con la realidad material y social y cómo adquieren status y autoestima (…) El trabajo es la base de la condición humana, de la creación del ambiente humano y del contexto de las relaciones humanas.”

(1992: ix En: Haworth y Veal: 2004). El concepto que Applebaum presenta no se ajusta a esta discusión, pero es útil como ejemplo del pensamiento muchas veces dominante. Por otra parte ubicamos el ii) trabajo no remunerado, entendiéndose como aquellas actividades que se realizan al interior de los hogares (incluyendo las que se realizan para otros hogares) por las que no se percibe una remuneración a cambio. Esta categoría integra actividades típicamente domésticas y se distingue del trabajo remunerado por no existir intercambio monetario o en especies como forma de pago. Si bien consideraremos por trabajo no remunerado a las tareas que se realizan sin un salario a cambio, no dejamos de reconocer que éstas significan una contribución muy importante para la economía de un país8 .

Continuando con la definición entendemos que estas actividades suelen ser realizadas por un fin en sí mismo, sin esperar contribuir con el mercado o el comercio, por eso muchas veces son consideradas ‘improductivas’. A su vez se caracterizan por presentar altas cargas de compromiso emocional, moral y ético, así como una marcada división sexual del trabajo (Hochschild 1989, Aitchison 2003, Ramos Torres 2007, y otros). Mientras algunas tareas suelen ser típicamente masculinas (mantenimiento del auto, reparación de la casa, etc.), otras son consideradas típicamente femeninas (preparación de alimentos, limpieza del hogar, etc.)9 .

Por último ubicamos a iii) las actividades de ocio, las cuales se realizan a través del uso libre del tiempo, son actividades libremente elegidas por una motivación intrínseca y que tienen un potencial de resistencia hacia los roles tradicionales de género en el caso de las mujeres. Incluso autores que sostienen que definir ocio objetivamente es imposible dado que cada persona vive una experiencia diferente (Shaw, 1985, 1986), existirían tantas definiciones de ocio como experiencias haya. En este caso nos adherimos a la propuesta de Tabares (2005) detallada más arriba.

8 Destacadas investigadoras se han dedicado a la medición del valor económico que significa el trabajo no remunerado para la economía de un país. Tales son los casos de María Ángeles Durán, Juliana Martínez, Soledad Salvador, entre otras. Esta última estima para Uruguay que la valoración del trabajo no remunerado, atribuyéndole un valor a los quehaceres domésticos (incluye tareas que se realizan en otros hogares, el cuidado de niños y niñas, personas dependientes y enfermos, reparaciones en el hogar, etc.) equiparándolos con el salario de un trabajador/a del servicio doméstico, es de un monto en millones de 6.156,7, representando un 26,6% del valor del PBI: un 20% es el aporte realizado por mujeres y un 6,6% por varones, (Salvador, 2009 En: Aguirre 2009) estimado para el 2007.


9 Para esta reflexión, así como para la consiguiente investigación de la tesis, focalizaré mi atención en aquellas actividades relacionadas con los cuidados de niños/as, a cargo de parejas heterosexuales e insertas en el mercado laboral, a modo de recorte metodológico.

La trilogía que incluye las esferas pública, privada y la personal. La doble jornada y las actividades de ocio.


El aumento de la participación femenina en el mercado laboral formal provocó un gran desarrollo de estudios que dieran cuenta cómo se relacionan las esferas pública y privada, es decir el trabajo remunerado y el no remunerado en una misma jornada. Este tipo de estudios tienen especial interés en comprender cómo mujeres y varones articulan las tareas domésticas con el mundo del trabajo remunerado, cuantificar las horas destinadas a cada una de las esferas, así como cuantificar entre otras cosas el valor y el costo que implican las tareas domésticas para las personas y para las grandes economías, por ejemplo las encuestas de uso del tiempo (“time budget studies” Durán, Martínez 2009, Battyhány 2002, 2009; Kwan 2001, y otros).


No obstante, se observa un vacío de conocimiento en estudios que den cuenta de cómo estas relaciones pueden afectar o no la distribución en el tiempo de ocio, en la posibilidad o no de destinar tiempo necesario a actividades de ocio. Por ejemplo, en cuanto al fenómeno del aumento de horas dedicadas por mujeres al trabajo remunerado no ha sido acompañado de un cambio en la esfera privada (Shaw 1985, Hochschild 1989, Batthyány 2009, y otros), por lo que el aumento de horas destinadas al trabajo remunerado no ha sido acompañado de una reducción en horas del trabajo doméstico10. Como veíamos más arriba, los tiempos más flexibles podrían ser los de ocio, descanso y tiempo doméstico. Sin embargo, si introducimos la variable sexo, el último presentaría para las mujeres los mismos esquemas rígidos que un trabajo remunerado. De acuerdo a Shelton (1992): “El tipo de ocio en el que las mujeres participan también pueden verse afectado por una redistribución del tiempo de trabajo, incluso si el tiempo de trabajo total no aumenta. Para los hombres el tiempo de ocio puede verse afectado por la tendencia general a menos horas de trabajo remunerado, ya que pueden tener más tiempo libre en la medida en que no aumenten su tiempo de trabajo no remunerado.”11


La investigadora canadiense Susan Shaw es una de las académicas que más ha desarrollado esta línea de investigación sobre las constricciones de ocio en mujeres. Shaw en un trabajo realizado en 1985, reporta que mujeres empleadas en el mercado formal tienen menos tiempo de trabajo que las mujeres dedicadas a las tareas domésticas a tiempo completo, sugiriendo que las constricciones de ocio en las mujeres con doble responsabilidad (trabajo remunerado y no remunerado) lo que Hochschild llama ‘doble jornada’12, son mayores. Asimismo, sugiere diferencias de género en el mismo sentido, donde se observa que los varones con doble responsabilidad presentan menos horas de carga global de trabajo y menos compromiso con las tareas domésticas (En: Shelton, 1992).

10 Más adelante se presentan cifras para el caso de Uruguay.
11 Traducción propia del inglés al castellano.
12 En inglés ‘second shift’, expresión que da nombre al libro escrito por Arlie Rusell Hochschild en 1989.

Las tres esferas de la vida presentes en este ensayo se ajustan al concepto de división sexual del trabajo que mencionáramos más arriba. Algunos supuestos o preceptos cultural e históricamente transmitidos como los de ‘hogar típicamente nuclear’, ‘hombre proveedor’ y ‘mujer cuidadora’, han sido desenmarañados con los años, ya sea a través de la masiva incorporación de la mujer a la fuerza de trabajo13 o el nuevo modelo de doble proveedor, mujeres y varones. Si bien, estos cambios trajeron consigo mejoras en las oportunidades para las mujeres la ideología de género donde las mujeres son las responsables del trabajo doméstico y el cuidado mantiene profundas marcas. Según Aguirre (2009) el trabajo remunerado es un ‘derecho y una obligación’ reconocido y alentado desde el discurso público, en cambio el trabajo no remunerado “es una obligación social fuerte para las mujeres, de contornos difusos, sin límites de tiempo precisos” (Aguirre, 2009 p.29). Para el caso de Uruguay y de acuerdo al Modulo de Uso del Tiempo y Trabajo no remunerado de la Encuesta Continua de Hogares del INE14 2007, la tasa de actividad económica de las mujeres ha ido en aumento, sin embargo, esta tasa desciende ante a la presencia de niños/as a cargo, siendo la más baja cuando éstos son menores de 3 años (Aguirre, 2009). “(…) los datos correspondientes a los hombres evidencia que la presencia de niños/as no los afecta, sino que más bien tiende a incrementarse.” (Aguirre, 2009 p.51).


De acuerdo al análisis de los datos del INE realizados por Rosario Aguirre, retomaré algunos que considero relevantes para este ensayo. Vale destacar que estos datos corresponden a los cruces entre las variables: horas y/o tiempo promedio, sexo, área geográfica, tamaño del hogar, dedicación al trabajo remunerado y no remunerado, entre otras.


El tiempo destinado al trabajo remunerado: las mujeres dedican menos horas de trabajo remunerado que los varones. Para el caso de los varones en el total del país, éstos destinan un promedio semanal de 45, 7 horas, respecto a las 35, 8 horas semanales que dedican las mujeres a las mismas tareas. La brecha se ubica en aproximadamente 10 horas semanales. El tiempo destinado al trabajo no remunerado: las mujeres destinan en promedio 36,3 horas semanales, mientras que los varones 15, 7 horas. Esto indicaría una brecha de aproximadamente 20 horas semanales, lo que significa que las mujeres invierten más del doble de horas en el trabajo no remunerado que los varones. Aguirre (2009) analiza estos datos y deduce que esta situación podría traducirse en una fuente de dificultad para el acceso de manera igualitaria entre varones y mujeres al trabajo remunerado, a lo que se puede agregar que también puede ser un elemento limitante para el acceso y goce de un tiempo de ocio individual y genuino.

13 Al igual que Aguirre (2009) lo hace en su texto, vale destacar que no se desconoce la persistencia de desigualdades y discriminaciones que viven las mujeres en el mercado laboral, entre ellas brechas salariales entre varones y mujeres significativas, índices de desocupación mayores en las mujeres que en los varones, segregación ocupacional, etc. (2009).
14 Instituto Nacional de Estadística. La muestra de la Encuesta Continua de Hogares resulta de un diseño del tipo Aleatorio Estratificado en conglomerados con asignación óptima, en dos o tres etapas de selección. El tamaño de la muestra del módulo de Uso del Tiempo y Trabajo No remunerado relevó información de 4.200 hogares en localidades de menos de 5000 habitantes. Se aplicó el cuestionario a personas mayores de 14 años para ser consistente con las preguntas sobre condición de actividad. (INE,
2008) durante el mes de setiembre de 2007 mediante entrevista personal.

Sobre los estudios de ocio en Uruguay ¿con qué datos contamos?


Por el momento no se ha hecho en el país un procesamiento de los datos que incluyan la variable tiempo dedicado a actividades recreativas o de ocio, presente en el Módulo de Uso del Tiempo y Trabajo no remunerado del INE (2007). La explicación puede ser la misma por la que no se han desarrollado investigaciones que consideren relevante esta parte de la vida de las personas. De todas formas, se presentan algunos datos del trabajo realizado por Ferré y Gandelman, en 2008 titulado “Calidad de Vida, tiempo libre y actividad física de los uruguayos”. Uno de los propósitos de esta investigación fue dar cuenta del concepto “calidad de vida” trascendiendo la idea de “bienestar material” asociado medidas de ingreso o consumo y destacar otros conceptos como el de “tiempo libre” como un indicador de mayor o menor calidad de vida en un país. El estudio presenta información sobre el tiempo libre de acuerdo a cuan satisfechas se sientan las personas respecto a él, el 62% del total dice estar “conforme” mientras que el 38% restante dicen estar “poco satisfechos”, si a estos datos los cruzamos con la variable sexo, encontramos que un 65% de los varones dice estar “satisfechas” frente a un 60% de mujeres, en el otro extremos el 10% de los varones dicen estar “no satisfechos” frente a un 14% de mujeres.


Algunas razones por las que las mujeres ven limitadas sus experiencias de ocio.


Una de nuestras ideas fuerza 15 es que en la trilogía trabajo remunerado, no remunerado y ocio personal, en el caso de las mujeres operan fuertemente sentimientos de culpa, sumisión, de claro corte moral16, ético y político. En este sentido una de las definiciones del tiempo que más se ajustan para comprender cuáles son los factores que intervienen en esta trilogía, es el aporte del autor Ramón Ramos Torres (2007) quien concibe el tiempo como un recurso. El autor de “Metáforas sociales del tiempo en España: investigación empírica” (2007) describe las formas del tiempo como un recurso que: se mercantiliza, es decir que se transforma en dinero; se moraliza, estaría signado por el deber, la culpa y el cargo de conciencia; y por último que se somete a una lógica de poder, aquí se pone en juego la autonomía, la coacción y opera fuertemente el miedo17. El autor hace una segunda clasificación a partir de la combinación de las tres formas anteriores, entre las que describe: i) el tiempo donado, ii) el tiempo propio y iii) el tiempo relacional. El tiempo donado es el tiempo ofrecido a otro por consideraciones morales y afectivas que se tienen con él. El autor lo relaciona al “tiempo de madre” dedicado al trabajo doméstico y a los cuidados. Este tiempo tiene una fuerte marca de género, por un lado porque suelen ser ellas quienes lo dedican, pero a su vez porque son las mujeres quienes realizan las actividades más esenciales, exigentes e ingratas.

15 Bien podría llamársele hipótesis, no obstante, quisiera mantener el perfil comprensivista del ensayo.
16 Refiriéndose al tradicional rol reproductivo de las mujeres y a la carga moral que él conlleva, la autora subraya “El oficio de casada se define como una obligación moral y consecuentemente todo lo que aparta a la casada de su dedicación al oficio recibe también una condena moral.” (Durán, 2002: 45).

Por lo tanto, se entiende el tiempo, como una dimensión que organiza la vida de las personas, como un recurso mercantil, moral y político. Como plantea Aguirre (2009), el tiempo entendido como “un recurso que facilita o restringe las opciones y tiene un alto contenido de género e implicaciones”. Asimismo, nos servimos de la idea de uso del tiempo que nos presenta María Ángeles Durán (En: Aguirre 2009), como regulado por contratos sociales implícitos que derivan en consensos acerca de lo que se debe hacer por ser mujer o varón, las prohibiciones y permisos, las relaciones de poder, así como privilegios y oportunidades.

Como mencionara anteriormente, el cuidado de niños, niñas y de otro tipo de dependientes (enfermos o personas adultas mayores discapacitadas) contiene una gran carga ética, moral y subjetiva. Para las mujeres hacerse cargo de los cuidados de menores en el hogar es parte de lo que se espera de ellas, el mandato les impone que cubran las necesidades de otros, no importa si esto implica dejar de lado sus propias necesidades. Por ejemplo, el concepto ‘ética del cuidado’, basado en la definición de Gilligan (1982) como una actividad de relación, de velar y responder a las necesidades de cuidado de otros. Este concepto trae consigo implícita la idea de inferioridad, de súbdita y de no merecer tener un tiempo propio o necesidades personales, por ejemplo la necesidad/derecho de ocio (En: Wearing 1998 p.48).

Otro de los supuestos por los que algunas personas, entre ellas mujeres reprimen deseos o inquietudes por vivenciar una experiencia de ocio es la edad. Aún en la actualidad es frecuente escuchar que el tiempo de ocio y recreación es un tiempo para la población infantil y/o juvenil.

Aparentemente, llegaría una edad en que las personas deberían ‘jubilarse’ de las actividades recreativas. En el caso de los varones existen actividades recreativas socialmente aceptadas, difundidas y sobretodo masculinizadas, por ejemplo el fútbol y los juegos de azar. Este tipo de tradiciones y costumbres, facilitan y legitiman la participación en este tipo de actividades. ¿Existe una actividad recreativa masiva y típicamente femenina?, no me viene a la mente ninguna actividad, aunque se me ocurre en qué pensarían algunas personas desde los estereotipos tradicionales de género: actividades asociadas a la estética, a las charlas con contenidos íntimos de otras personas cercanas, a la frivolidad, etc.

En la misma línea del supuesto anterior, existen factores socio demográficos que dan cuenta del aumento de la esperanza de vida, más concretamente de la mayor esperanza de vida en el caso de las mujeres quienes suelen superar en años a los varones. La esperanza de vida al nacer, es de 71 años para los hombres y en el caso de las mujeres la esperanza de vida al nacer es de 79 años (año 2002 INE). Estos datos nos plantean un problema, ¿qué hacer?, ¿qué políticas de ocio diseñar para la masa de mujeres adultas mayores?. Acaso no se estará favoreciendo a aumentar la fuerza de trabajo no remunerado dedicado al cuidado de niños/as, esta hipótesis bien se sostendría en un escenario de mayor inserción de mujeres al mercado laboral y en Regímenes de Bienestar que le atribuyen a la familia el papel de proveedora de bienestar. Aguirre en su trabajo Usos del tiempo y desigualdades de género en el trabajo no remunerado retoma a Gösta Eping Andersen (2000 En: Aguirre 2009) quien realiza un análisis de los Estados de Bienestar, las relaciones entre las instituciones que intervienen y el papel que le asigna a cada una de ellas: la familia, el mercado, el Estado y las organizaciones civiles.


Aguirre (2009) sostiene que “la ciudadanía social y su efectivo ejercicio dependen de la forma en la que se estructura el sistema de bienestar social y de los procesos de desmercantilización/mercantilización y desfamiliarización/ familiarización a través de los procedimientos básicos de las políticas sociales. Estos procesos podrán significar la adquisición de nuevos derechos o la pérdida de derechos sociales anteriormente conquistados y bien pueden tener una significación diferente para mujeres y varones y para distintos grupos en cada uno de estos colectivos.” (Aguirre, 2009: 38) Por lo tanto al momento del diseño de las políticas públicas hay que ser extremadamente cuidadoso con las decisiones a tomar.

Las experiencias de ocio como forma de resistencia a los mandatos sociales de género. El derecho a tener una vida feliz.18 Mujeres más ‘fuertes’, capaces de disentir, con mayores y mejores redes sociales y participación ciudadana, tenderán, por ejemplo a disminuir el número de víctimas de violencia de género, a mejorar la seguridad ciudadana, entre otras contribuciones a la sociedad. Ésta y otras son las razones por las que considerar la experiencia de ocio en mujeres y en los estudios de género redundará en beneficios no sólo personales sino también para las comunidades en general.

Algunas posturas teóricas han desarrollado la línea de estudio del ocio como ‘resistencia’ a los mandatos de género y como mecanismo de inclusión social (Shaw, 1994 Aitichison, 2003)19 .

Para este ensayo adhiero a las perspectivas que destacan aspectos de las personas como la capacidad de agencia y el desarrollo de mecanismo para responder ante situaciones de inequidad y cualquier forma de opresión y discriminación.

Desde una aproximación marxista el ocio puede ser visto desde sus beneficios para rechazar la aceptación de cualquier situación de alienación y explotación producto de una cuestión de clase, por ejemplo. Esta perspectiva tiene como principal objetivo afrontar situaciones de inequidades de acceso a experiencias de ocio, de promover la libertad antes formas de opresión del capitalismo. De acuerdo a Clark y Clitcher (1985), “Inequidades de ocio y oportunidades, tienen dos aspectos, material y cultural. El aspecto material incluye acciones tendientes al acceso a recursos claves y esenciales tales como tiempo y dinero.” (En: Wearing, 1998 p.24). Está comprobado que las principales fuentes de constricción de ocio son el tiempo y el dinero, sin embargo, entre estas dos causas mientras la segunda afecta por igual a varones y mujeres la variable tiempo es la más frecuentemente mencionada por las mujeres
(Harrington, Dawson y Bolla, 1992: En Shaw, 1994).

18 Shayne 2000 en: Foran 2003
19Distinta a otras posturas funcionalistas o instrumentalista, donde el ocio se ve desde su potencial para asegurar que la sociedad funcione sin problemas, ordenadamente y libre de tensiones. Políticas tendientes al mantenimiento del orden son algunas de tipo educativas que refuerzan valores como los de la familia en sus aspectos más tradicionales. Desde este punto de vista, políticas de ocio serían un instrumento para reforzar normas y valores como la armonía, la estabilidad y el equilibrio. Una institución clave para estos fines es la familia, reforzar los roles tradicionales de género aseguraría su rol instrumentalista con varones proveedores y mujeres cuidadoras.

Distinta a las posturas macrosociales, autores basados en el interaccionismo (p.e. George Mead, Berger, y otros) orientan su foco en los aspectos vivenciales del ocio, pensando en los actores como individuos con capacidad de agencia. Autoras como Shaw, Henderson y otras subrayan su atención en aspectos sociales y psicológicos del ocio y en su potencial atributo para desarrollar identidades que permitan a las mujeres ganar libertad de las constricciones de la sociedad. No obstante el ocio puede ser una fuente de inequidad y opresión debido a la falta de tiempo y dinero para acceder a experiencias de ocio (Shaw, 1994), se destaca que representa una potente forma para desarrollar la capacidad de agencia de las personas.

Ambas autoras influenciadas por una perspectiva foucaultiana de poder y resistencia acuerdan que el ocio y su componente de libertad y autodeterminación pueden desarrollar una conciencia para interpretar sus situaciones sociales y actuar en consecuencia, tan necesario para el cambio social.

“Si las experiencias de ocio representan para los individuos situaciones de oportunidades y auto determinación, también proveen oportunidades para ejercitar el poder personal que puede ser usado como una forma de Resistencia a las constricciones y restricciones de género.” (Shaw 1994 p.15).


Existen estudios empíricos (Klieber & Kane, 1984; Shaw, 1993) con énfasis psicológico que muestran cómo las mujeres que se involucran en deportes, especialmente aquellos típicamente masculinos, generan una fuente de empoderamiento que les da el poder y oportunidad de “ir contra la corriente”20 de prescripciones culturales sexuales. Otros estudios, ponen foco en la resistencia como el derecho al ocio y como proveedor de una expresión del ser (Shaw, 1994). La resistencia y la lucha por el derecho al ocio le da a las personas la oportunidad de conocer sus derechos, nuevas esferas y tipos de vidas, promueve la identidad y la autonomía y refuerza los sentimientos de pertenencia a una comunidad, por ejemplo las experiencias de ocio vinculadas las actividades de voluntariado social21.

Mucha de las actividades recreativas individuales o sociales como ‘salir con amigas’, además de proveer disfrute son un oportunidad para desarrollar ideas y solidaridades comunes, mejorar el autoestima y el empoderamiento, no solo porque éstos son aspectos importantes en la vida de las personas, sino que para muchas mujeres puede significar cruzar las fronteras del “mundo de la vida privada”, al decir de Murillo, para poder destinar un tiempo para sí mismas dejando de lado las necesidades de los otros y poder pensar por y para ellas mismas. Estas actitudes pueden desencadenar en complejos procesos de articulación y acción colectiva tan importantes para el ejercicio de una ciudadanía plena. En países como Uruguay, promover espacios de encuentro, ya sea a través del deporte, el asociativismo, o el voluntariado donde por un lado se preserven aspectos como el respeto y la tolerancia a la diversidad y a las subjetividades y se piensen estrategias que permitan romper con los roles tradicionales de género e ir más allá de los roles reproductivos. Pero cuidado, debemos ser consientes de lo que Shaw (1994) nos alerta respecto a que el ocio puede ser limitante y reproductor de estereotipos de género, por tal motivo las experiencias de ocio deben ir acompañadas por expertos sensibilizados en problemáticas de género para que las experiencias de ocio no se conviertan en un arma de doble filo.

20 Adaptación propia a la expesión “go against the grain” (Shaw, 1994)
21 Nos referimos a lo que la academia anglosajona llama “serious leisure”, ocio serio.

Conclusiones

En países como Uruguay, los estudios de ocio están muy poco desarrollados, aunque existen valiosas experiencias que tendrán su impacto en el futuro, aún estamos muy lejos de estar al nivel de los países del norte. Por lo tanto, plantear este tipo de reflexiones con la bibliografía utilizada, resulta absolutamente inédito para esta academia. Hecha esta aclaración daré paso a las conclusiones finales.

Algunos aspectos destacados a lo largo del ensayo sobre los que como productores de conocimiento científico debemos continuar pensando, son los siguientes:

 La persistente socialización de mujeres y varones desde patrones culturales altamente estereotipados. Esto se da a través de instituciones como el sistema educativo, pero también por uno de los mayores productores de ocio, la televisión y otros medios de comunicación. Experiencias como las que existen en otros países con observatorios de medio responsables de monitorear que los contenidos de las publicidades no transmitan mensajes sexistas, parece muy relevante. Estas experiencias no solo monitorean desde el observatorio, sino que integran a la ciudadanía para que se involucren en el seguimiento.22

 La tensión entre el ámbito público y doméstico; el trabajo remunerado y no remunerado. Tal como se mostrara más arriba, las mujeres son quienes más tiempo invierten en trabajo no remunerado. Esto significa que las mujeres trabajando la misma cantidad de horas que los varones en el mercado laboral, ven reducidos sus espacios de ocio personal, más que en el caso de los varones. La doble jornada en mujeres las afecta tanto, que si se sumaran las horas de trabajo no remunerado significarían lo mismo que si la mujer trabajara un mes más al año en el mercado (Hochschild, 1989), mes por el que no recibe salario ni reconocimiento social positivo.

En Uruguay existe una experiencia que promueve la corresponsabilidad y el lenguaje no sexista y rompe con estereotipos de género a través de un videojuego. El videojuego se llama Familia Equis (2009)23 y se trata de jugar a organizar las tareas del hogar equitativamente entre los miembros del hogar, significando una distribución deltiempo también desde la equidad. Este es un ejemplo de política para promover la equidad sobre la que hay que continuar trabajando.

 Otras políticas tendientes a promover la articulación entre el trabajo remunerado y no remunerado son las guarderías. Resulta necesario profundizar el debate en torno al tema de los cuidados. Si bien para el caso de Uruguay existe una política pública de alianza entre el Estado, Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), e Intendencias Municipales, la que contribuye a brindar cuidados a niños y las niñas desde su
concepción hasta los 3 años, prioriza el acceso únicamente a aquellos que provienen de familias en situación de pobreza y/o vulnerabilidad social. No obstante, existe un vacío de oferta pública para los sectores de clase media, sobretodo la media baja que no presenta situaciones de vulnerabilidad pero tampoco alcanza los recursos suficientes para ‘comprar’ cuidado en el mercado, lo que pone muchas veces en riesgo la permanencia de las mujeres en el mercado laboral obligándolas a permanecer en el ámbito doméstico.


 ‘Tercerizar’ los cuidados puede ser muy costoso para las mujeres dado que poner en juicio el ‘oficio de casada’ tal cual lo plantea Durán (2002) es un riesgo al que no todas las mujeres están preparadas a afrontar. Por lo tanto es necesario profundizar las líneas de investigación que den cuenta de los factores que impactan sobre el tiempo personal de las mujeres, los elementos objetivos como el tiempo y el dinero,
pero también muy especialmente los subjetivos, como el sentimiento de culpa, el compromiso y el deber de anteponer las necesidades de otros a las suyas. Las experiencias de ocio en general, así como las actividades recreativas y el ocio serio, entre otras, pueden contribuir en la deconstrucción de mandatos de género, en el fortalecimiento de redes sociales, en dar voz a personas que por problemas asociados a la vulnerabilidad o la desafiliación social no la tienen, empoderarlas a través de la mejora de su autoestima (deporte, talleres de expresión, etc.), descubrir capacidades no desarrolladas antes, y una infinidad de otras formas de resistir a la ideología dominante revertirán aquellos aspectos subjetivos que constriñen el ocio de las mujeres.

 Aún en la actualidad es frecuente escuchar que el tiempo de ocio y recreación es un tiempo para la población infantil y juvenil. Aparentemente, llegaría una edad en que las personas deberían ‘jubilarse’ de las actividades recreativas. En el caso de los varones existen actividades recreativas socialmente aceptadas, difundidas y sobretodo masculinizadas, por ejemplo el fútbol y los juegos de azar. Este tipo de tradiciones y costumbres, facilitan y legitiman la participación en este tipo de actividades. Se debe trabajar porque las actividades deportivas y recreativas no solo ayuden a superar estigmas de género sino que también debemos trabajar porque se legitime a lo largo del ciclo de la vida.

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María Ximena Ureta Sosa